Vivir
y trabajar con plenitud

Constantemente nos han dicho que debemos aparcar nuestras emociones en la puerta del trabajo. Esta fórmula es válida siempre y cuando queramos disponer de profesionales sin sentimiento de pertenencia en vez de personas motivadas y entregadas. Si aparcamos las emociones en la puerta del trabajo…

¿Cómo vamos a comprometernos y motivarnos?
¿Cómo liderar, vender o afrontar los retos sin la fuerza de las emociones?

 


 

“Solo es posible rendir al máximo
si las emociones también trabajan”

Las emociones forman parte de nosotros, también en el entorno profesional, y gestionadas adecuadamente, lejos de ser un obstáculo, son un recurso que mejora las relaciones, la satisfacción de las personas y de nuestro equipo y, por supuesto, nuestro rendimiento. Renunciar a ellas o reprimirlas es huir de una parte de nosotros y por tanto privarnos de nuestra plenitud como personas o trabajadores.
 


 
Las personas que saben regular sus emociones rinden más, están más satisfechas en el trabajo, son más felices y todos los planos vitales se retroalimentan.